Fue un 18 de julio del pasado siglo que dado que no tenia nada mejor que hacer, se me ocurrió que era el momento de nacer. Lo hice dando celebridad a la fecha con todos los honores en una ciudad enclave militar, en un hospital militar de la mano, aunque yo le di el pie, de un medico militar.
Cuando llegue a Madrid con mis primeros siete años, descubrí que mi cumpleaños era festivo. Genial, en mi cumpleaños no hay colegio. Cuando empece a trabajar vendiendo zapatos, descubrí que incluso había una paga extra para mi cumpleaños.
No me duro mucho la festividad ni la paga extra, pues no habiendo cumplido aun los 16 años, fueron anulados por decreto ley, o algo parecido.
Fue aproximadamente por mi 17 cumpleaños que por mi vicio a la lectura empece a descubrir lo que había ocurrido aquel memorable 18 de julio de 1936, razón y fundamento de tanto boato, expendio y ostentación: un golpe de estado a un gobierno legitimo.
Desde entonces sigo asaltando bibliotecas buscando una explicación lógica, razonable, meritoria o simplemente defendible para tal atroz barbarie.
Tiempo ha pasado y los jóvenes escolares tampoco aprenden ni estudian la historia de aquel 18 de julio de 1936. En una encuesta sobre la pregunta que es o significa el 18 de julio, publicada por el periódico El Pais y El Mundo en 2006, estos fueron las respuestas:
El 74,4% dice saber lo que pasó el 18 de julio de 1936, pero un 23,1% dice no tener ni idea.
Los nombres de los principales líderes del pronunciamiento son desconocidos para el 31,9% de los encuestados.
El 43,1% cree que deben «preservarse monumentos, estatuas o calles dedicadas a recordar el 18 de julio de 1936 o a sus protagonistas». El porcentaje sube hasta el 66,1% entre los votantes del Partido Popular.
Apenas a un 4,4% de los encuestados el 18 de julio les in

