Las redes antisociales y el lucrativo negocio del odio

De Al-Juarismi a las redes antisociales. Una reflexión sobre los algoritmos, el negocio de la indignación y la responsabilidad de quienes convierten el odio y la mentira en beneficio.

De las matemáticas de Al-Juarismi a las decisiones humanas que convierten la mentira en beneficio

Un manuscrito matemático antiguo se transforma en una red digital mientras una mano maneja los controles y varias personas miran sus teléfonos.
El algoritmo no tiene conciencia. Las personas que deciden cómo utilizarlo sí.

Hace más de doce siglos, un sabio que trabajaba en Bagdad contribuyó a sentar las bases del cálculo sistemático. Se llamaba Muhammad ibn Musa al-Juarismi. Sus escritos llevaron conocimientos matemáticos de una civilización a otra. La forma latina de su nombre nos dejó una palabra que hoy pronunciamos con una mezcla de resignación y desconfianza. La palabra es algoritmo.

Difícilmente habría podido imaginar hasta dónde llegaría aquel viaje. Los métodos desarrollados para ampliar el conocimiento humano sirven hoy de fundamento a sistemas digitales capaces de transportar mentiras y odio a una velocidad que hace palidecer al más aplicado de los chismosos.

El algoritmo no tiene conciencia. Las personas que lo diseñan y lo utilizan, en principio, sí. Cuando deciden obtener beneficios de la indignación mientras apartan la mirada de sus consecuencias, la fortuna se queda en sus bolsillos y la factura en manos de la sociedad. science.nasa.gov

Del cálculo a la manipulación

Hoy los algoritmos son una de las principales formas de acceder a un universo de información demasiado vasto para que una sola persona pueda recorrerlo. Seleccionan resultados de búsqueda, recomiendan libros y vídeos, nos orientan por una ciudad desconocida, identifican patrones en datos médicos y procesan observaciones científicas.

En las redes sociales se ocupan de seleccionar y ordenar buena parte de lo que aparece en nuestras pantallas. Para decidir qué veremos después, utilizan señales obtenidas de lo que miramos, buscamos, pulsamos y compartimos.

Esas elecciones las hacen personas. Los ingenieros escriben y modifican el código; los directivos aprueban los objetivos; las empresas deciden qué interacciones merecen más valor. El algoritmo no se despierta una mañana, se toma un café y descubre que el odio da dinero. Alguien le ha dado instrucciones.

En 2018, Facebook anunció cambios en la clasificación de su sección de noticias para dar mayor visibilidad a las publicaciones capaces de generar conversaciones e interacciones. Investigaciones periodísticas basadas en documentos internos mostraron después que aquellos cambios podían favorecer los contenidos divisivos. Lo que se presentó como una manera de acercar a las personas dejó planteada una pregunta bastante menos amable. ¿Qué ocurre cuando el enfrentamiento, la indignación y la hostilidad se convierten en señales de éxito? about.fb.com

Cuando la atención genera ingresos, aquello que escandaliza, enfada o asusta puede convertirse en una mercancía muy rentable. Una mentira que provoca mil respuestas puede viajar mucho más lejos que una verdad recibida con un discreto asentimiento. La verdad, por desgracia, no siempre tiene vocación de tertuliana.

A Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del régimen nazi, se le atribuye una frase célebre según la cual una mentira repetida mil veces acaba convirtiéndose en verdad. Una mentira no se convierte en verdad por mucho que se repita. Lo que puede ocurrir es que termine siendo aceptada como si lo fuera.

Los bots añaden velocidad a este mecanismo. Son programas capaces de publicar o repetir mensajes automáticamente que, con el impulso de sistemas de recomendación, pueden contribuir a que mentiras, afirmaciones deformadas y provocaciones lleguen a miles o millones de personas.

La película de Aaron Sorkin El precio de la red dramatiza la historia de Frances Haugen, antigua empleada de Facebook, y la revelación de documentos internos de la compañía. Como toda producción de Hollywood basada en hechos reales, selecciona, condensa y añade elementos narrativos. No sabemos qué decisiones quedaron fuera del relato ni por qué.

Una película puede despertar preguntas. Los documentos nos permiten buscar las respuestas. ¿Qué sabía la empresa sobre los efectos de sus decisiones? ¿Qué hizo con ese conocimiento? ¿Qué se ha contado y qué permanece todavía fuera de nuestro campo de visión? dev.sonypictures.com

Las plataformas tienen nombre y sus responsables también

Las redes sociales suelen presentarse como espacios de encuentro. Detrás de cada una encontramos, sin embargo, empresas, directivos y personas con capacidad para decidir cómo funcionan y qué objetivos persiguen.

Facebook, Instagram y WhatsApp pertenecen al grupo Meta, fundado y dirigido por Mark Zuckerberg. Facebook e Instagram seleccionan y ordenan contenidos. WhatsApp recomienda canales y ha introducido publicidad y promociones de pago en algunas partes de la aplicación. Leadership & Governance

X, antes Twitter, está asociada a Elon Musk, su propietario y figura más conocida. Telegram fue fundada por Pável Dúrov, mientras que TikTok pertenece al grupo ByteDance y cuenta entre sus responsables más conocidos con Shou Zi Chew.

En el universo de Google encontramos el buscador, Google Maps, Gmail, Android y numerosos servicios más. Google forma parte del grupo Alphabet, dirigido por Sundar Pichai. YouTube pertenece a Google y está dirigido por Neal Mohan. No todos estos servicios son redes sociales ni funcionan de la misma manera, pero forman parte de un ecosistema digital con una presencia inmensa en nuestra vida cotidiana. google-i-o-2026-press-site.prezly.com

Cada plataforma tiene sus propias reglas. La responsabilidad de explicarlas no debería recaer en el ciudadano que intenta averiguar qué empresa se encuentra al otro lado de la pantalla.

Sus prácticas no son idénticas. Tampoco todos los mensajes se seleccionan, clasifican o distribuyen de la misma manera. Cada empresa toma decisiones sobre el funcionamiento de sus servicios, lo que permite, lo que promociona y cómo responde cuando se le advierte de un abuso.

La pregunta no es únicamente quién escribió una mentira. Hay que preguntarse quién diseñó las condiciones para que alcanzara a millones de personas, quién decidió qué señales le darían visibilidad y quién siguió beneficiándose de la atención que generaba.

El odio, la violencia, la pornografía y el engaño pueden alcanzar audiencias que sus autores difícilmente habrían conseguido por sí solos. Sus consecuencias no desaparecen cuando apagamos el teléfono. Las falsedades pueden envenenar el debate público; el odio puede enfrentar a vecinos; determinados actores políticos pueden aprovechar el miedo y la división. Mientras tanto, las empresas que gestionan estas plataformas pueden acumular fortunas extraordinarias.

La justicia ante las plataformas

Su relación con la justicia merece un examen propio. Las plataformas reciben requerimientos de autoridades de distintos países, pero la existencia de una respuesta no resuelve todas las preguntas. ¿Llegó a tiempo? ¿Fue completa? ¿Permitió conservar las pruebas necesarias? ¿Se aplicaron los mismos criterios en todos los casos?

Telegram merece una atención particular por las dificultades que han rodeado su colaboración con las autoridades y por el alcance de sus canales y grupos. En España fue el proveedor que recibió más órdenes de retirada de contenidos terroristas durante el periodo 2023-2024. Saber cuántas recibió es un comienzo. Saber cómo respondió a cada una sería bastante más útil. techcrunch.com

Brasil y el tribunal que miró detrás del algoritmo

En octubre de 2026, Bra