La vida se puede ir en 20 segundos


La vida se puede ir en 20 segundos

Un viaje como cualquier otro

Manos anónimas ayudando a otra persona a caminar tras un suceso grave, símbolo de solidaridad y cuidado humano.
Cuando todo se detiene, alguien da un paso hacia el otro.

El domingo viajaban más de 300 personas en dos trenes.

Unos iban a Madrid, otros a Huelva.

Todos llevaban consigo lo mismo, aunque no lo supieran: sueños, dudas, preguntas antiguas que reaparecen en los trayectos.

¿He hecho lo correcto?

¿He dicho lo necesario?

¿Voy hacia donde debo ir?

Algunos regresaban felices después de un fin de semana en familia.

Otros viajaban hacia un futuro aún desconocido, abierto, sin forma.

Otros descansaban, intentando llegar enteros al lunes, al trabajo, a la rutina que sostiene la vida.

También estaban los maquinistas y el personal del tren.

Personas que trabajan mientras otros viajan.

Muchos con vocación.

Otros con la serenidad de quien sabe que su trabajo permite vivir, cuidar, sostener a los suyos, construir algo.

Todo se detuvo

Todo se detuvo en 20 segundos.

Vidas rotas.

Algunas perdidas para siempre.

Otras obligadas a convivir con secuelas físicas y psíquicas que no se apagan cuando pasan las noticias.

En 20 segundos, el antes dejó de existir.

¿Dónde puedo ayudar?

Y entonces llegaron los primeros ángeles.

Sin nombre, sin consigna, sin cámaras.

Llegaron manos que no preguntaban, que no dudaban, que simplemente actuaban.

Desde el bello pueblo de Adamuz llegaron personas que solo decían:

“¿Dónde puedo ayudar?”

Alguien se quitó los zapatos para dárselos a un herido que había perdido los suyos, para que pudiera volver a caminar, para que pudiera volver a vivir.

Manos que aparecían de todas partes.

Agua.

Mantas.

Cuerpos sosteniendo a otros cuerpos.

Voces devolviendo al presente a quienes estaban a punto de perderlo.

Se movían como guiados por algo más fuerte que el miedo, como si una energía común los empujara sin pedir permiso.

Y lo mejor del ser humano volvió a salir.

Una vez más.

Aquí.

En España.

A esos, ni agua

No gastaré ni una línea en los bulos, en la mentira organizada, en la miseria moral que también corre por las mal llamadas redes sociales.

A esos, ni agua.

Lo que no debe esperar

Me quedo con las palabras de quien perdió a su madre:

no desperdicies ni un minuto sin decir “te quiero”.

No postergues el perdón.

No dejes para mañana lo que hoy mantiene viva la vida.

Ni en la familia.

Ni entre amigos.

Ni contigo mismo.

Solo esto importa

Todos podemos perder la vida en 20 segundos.

No desperdiciemos ni uno solo en dejar de decir:

te quiero,

te perdono,

te extraño,

te necesito.

La vida es cada segundo.

La Vida es solo Amor.

Que Dios nos bendiga.

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